Cartas de fútbol | De esperanza y desesperanzas
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De esperanza y desesperanzas

Hola Juancar. Te reconozco que he comenzado esta carta varias veces. Primero con las notas de un piano de fondo, luego con los grandes éxitos de Prince, el cantante, y por último, me he puesto la Cabalgata de las Valquirias, de Wagner, porque el Barça se aproximaba lentamente a un Apocalipsis Now, hasta que De Jong se decantó por la opción azulgrana. Y ese centro del campo: Busquets, Arthur, Rakitic, Aleñá, Riqui Puig y De Jong, ya desafina menos e ilusiona más. Aunque lo que verdaderamente atemoriza a los culés es el día que cualquiera de estos no tengan a Messi para pasarle el balón.

Dice Jordi Puntí, periodista y escritor, autor del libro Todo Messi, que el argentino no agota los adjetivos, todo lo contrario, “Messi es un creador de lenguaje, nos obliga a ser mejores a los escritores, porque lo que hace hay que definirlo, te obliga a buscar palabras nuevas, frases nuevas y, en definitiva, a escribir mejor”. Visto así, Leo parece regatearnos a nosotros también en cada partido, mientras intuimos que la va a liar y no sabemos explicarlo cómo. Quizá por ello, aburridos de ser burlados, miramos hacia otro lado y pasamos de lo extraordinario para poner el foco en lo ordinario. Ese síndrome parece haber contagiado hasta a Ernesto Valverde que el domingo echó un borrón a su inmaculado curriculum. Cuesta encontrar otra afirmación tan desafortunada como la del piano de Valverde. Supongo que son los efectos secundarios de tener que dar descanso a Messi y tener que inventar otras palabras, otro fútbol.

Volvió a quedar claro anoche en Sevilla, donde el Barça sacó una indebida alineación sin el astro argentino, ni Suárez, Rakitic, Busquets y Dembelé. Lo difícil era no ser superado por los hispalenses. Lleva tiempo el Barça tirando la Copa, por la vía deportiva, administrativa y judicial, incluso las declaraciones de los jugadores señalan el escaso interés por este torneo. Y pese a todo queda la sensación en el ambiente de que en la vuelta con Messi en el campo todo es posible. Quizá no volvamos a ver un jugador con ese poder de intimidación, capaz de ganar tantos partidos.

A la velocidad a la que sucede todo en nuestros días lo que se ha visto seriamente dañado es nuestra capacidad de sorpresa. Pocos acontecimientos nos sorprenden ya y en esa línea de atractiva novedad se configura la Liga Europea por la que me preguntabas. Creo que más pronto que tarde la veremos asomar en el horizonte como una huida hacia adelante del fútbol en busca de mayores ingresos. Solo hay que echar un vistazo a las principales ligas europeas: Italia lleva años dominada por la Juventus; Francia, por el PSG; Alemania es territorio Bayern; en España existe un duopolio en el que intenta colarse el Atleti; quizá solo Inglaterra pueda presumir de ser un campeonato más abierto. ¿No crees que las grandes potencias se cansarán pronto de esas competiciones y con la excusa de la competitividad buscarán alicientes mayores? De hecho, para muchos de estos equipos la Liga doméstica ha pasado a ser secundaria.

Hay también otros puntos de vista, te contaré una anécdota que me ocurrió en Bilbao. Allí hablaba con varios hinchas del Athletic y varios me sorprendieron con su respuesta: “A ver si se van ya a la Liga Europea esa que quieren hacer y podemos volver a ganar una Liga”.

Me hablabas también en tu última carta de la meritocracia, y yo me la imagino como un animal mitológico o al menos uno en peligro de extinción. El ejemplo es Coutinho. Si fuera por su desempeño seguiría en el banquillo. En él influyen otras cosas, el precio de su fichaje, las expectativas creadas anteriormente, la necesidad de Valverde de tener a todos enchufados, el intentar recuperar su confianza a base de negar minutos y oportunidades a otros. Puede que salga bien y se haga un hueco, o quizá termine resultando desesperante hasta para el técnico. En la vida suele pasar igual, y ahí los Coutinhos de turno suelen salir siempre bien parados, protegidos por unos y por otros, aupados con menos merecimientos terminan encontrando su lugar. Claro, que en la vida no hay periodistas escrutando todos tus movimientos.

La última línea de esta carta es para Emiliano Sala, tampoco ahí ha estado muy fino gran parte del periodismo nacional. Ya leí tus reflexiones en twitter y coincido con ellas. Desde aquí solo podemos mandar mucho ánimo a la familia y seguir esperando noticias.

Un fuerte abrazo amigo.

Emmanuel.