Cartas de fútbol | Intangibles
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Intangibles

Hola, Emmanuel. Me he levantado pensando en una pregunta que te traslado: ¿cuánto daño han hecho Messi y Cristiano al fútbol? Han elevado el nivel y nos han brindado una de las rivalidades más competidas de la historia del deporte, pero es posible que hayan opacado a otros jugadores quizás superiores a los mejores de otras épocas pero que no serán tan recordados por estar a la sombra de estos dos coetáneos coleccionistas de Balones de Oro. Uno de esos futbolistas a los que han dejado menos focos es Benzema.

Es posible que vivir resguardado bajo los goles de Cristiano le haya ido bien a su carácter muchas veces apático. No ser costalero de la presión permite llevar una existencia más plácida. Aunque si lo miramos desde el ángulo inverso, hay márgenes propios que sólo exploramos cuando los demás esperan más de nosotros. Salvo en los cerebros de los elegidos, la autoexigencia siempre será menor que la expectativa que percibimos del exterior hacia nosotros.

A Benzema le debemos que introdujera la palabra intangibles en el fútbol, que no es otra cosa que aquello que no se ve en los resúmenes del telediario. Tanto el aficionado como el periodista son esclavos de los datos, como si el fútbol se explicara sólo con goles y asistencias. ¿No te parece que ese reduccionismo empobrece el análisis sobre el fútbol? ¿Crees en esa nueva moda que intenta descubrir el fútbol sólo con estadísticas? El camino hacia el gol puede ser muy largo y en él influyen el mediocentro que supera una línea de presión, el centrocampista que abre a la banda con un pase al hueco y el lateral que llega hasta él para asistir al delantero. ¿Por qué reducir el mérito sólo a los dos últimos que tocan el balón?

Benzema es de nuestra generación, tiene la treintena recién estrenada y parece estar en su mejor momento. Últimamente vemos ejemplos de deportistas que alcanzan su mayor rendimiento (o uno de los picos más altos) cuando ya no son tan jóvenes: el extraordinario caso de Aduriz, Alejandro Valverde y su Mundial, Federer ganando un Grand Slam con 36, o Nadal y Djokovic desplumando a los jóvenes hace unos días con 32 y 31 años, respectivamente. Lo lógico sería pensar que es cuestión de los cuidados físicos que se dan, mayores que los de generaciones precedentes, pero yo creo que hay mucho sobre el poso mental que da la experiencia. ¿Acaso no crees que entiendes mejor el mundo que hace 10 años?

Ya que he empezado por un delantero, acabaré con otros dos que pasaron por el Madrid y que acaban de cambiar de equipo: Higuaín ha ocupado el puesto en el Chelsea de Morata, rumbo al Atlético. Del argentino creo que en el aficionado quedará la imagen de ser peor de lo que realmente ha sido. Y especialmente por una jugada: la que falló en la final del Mundial 2014. Solamente con ese gol, dejando intacto todo lo demás de su carrera, ya sería una figura totalmente distinta. Y sobre Morata te cuento que hay gente en el Atleti que no lo quiere por su pasado madridista. Se equivocan: al profesional que está en el campo hay que pedirle que ponga los pulmones que el hincha no puede, el corazón es patrimonio de la grada. ¿No crees que la mejor manera que tiene un futbolista de respetar un escudo es con sus piernas más que con sus labios?

Espero haber jugado bien entre líneas.

Un abrazo,

Juan Carlos.