El momento de Vinicius - Cartas de fútbol
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El momento de Vinicius

Hola, Emmanuel. ¿Cuántos grandes jugadores no habrán llegado a la élite porque aparecieron cuando no era el momento? Vale para los futbolistas pero también para cualquier empleo y profesión. A veces no hay hueco para uno más porque la plantilla está completa y funciona bien, y quizás esa negativa es el aborto de una futura estrella: hay talentos que sólo brillan en grandes escenarios y se minimizan, por debajo de la media, en los ambientes ordinarios. Supongo que ya habrás adivinado que hoy te quiero hablar de Vinicius.

Los estados de necesidad sirven para llorar e intentar sobrevivir. Así se encontraba el Madrid, en una mezcla de malas sensaciones y muchos lesionados, cuando Solari se atrevió con Vinicius como titular. Quitando la eliminatoria de Copa contra el Melilla y el intrascendente partido contra el CSKA en Champions, la primera titularidad del brasileño fue en la derrota contra la Real Sociedad (la del “todo OK, José Luis”). Ser el mejor en un partido malo de tu equipo te deja en el once para el siguiente, nadie entendería que fueras el “cabrón” sacrificado, recordando a Toshack. Y el brasileño, que ha asomado la cabeza en el momento oportuno, ha aprovechado este mes de titularidades para ganarse el puesto.

¿Qué te parece lo que has visto hasta ahora de Vinicius? Para mí, es el jugador que ha cambiado el ritmo del Madrid al tener una virtud cada vez más rara en el mundo del fútbol: intenta el uno contra uno. A veces no lo consigue, pero eso no le desanima para la siguiente ocasión. Cada vez vemos menos jugadores que encaren y me gustaría saber si estás de acuerdo con mi teoría: ya no se juega en las calles, las plazas prohíben jugar a la pelota y sólo se practica el fútbol de las escuelas, donde creo que no potencian tanto el riesgo del regate, sino la seguridad del pase al compañero. ¿Qué opinas? Una vez leí que a Messi le decían en La Masía que tenía que pasar más el balón. ¿Te imaginas que Leo se hubiera extirpado sus conducciones con la pelota enganchada en el cordón de la bota?

Hablando de Messi, se nos viene un Clásico este miércoles y otros dos en la última semana de febrero. Es una buena oportunidad para demostrar que se puede hablar del Madrid y el Barça huyendo de polémicas y análisis rudos. Quien sea un fugitivo de la crispación también es destinatario de esta correspondencia. En la Copa jugará Keylor, del que me hablabas en tu última carta. Me cuesta pensar que su resiliencia dure más allá del mes de junio. Como decías, hay equipos aspirantes en la Champions que lo recibirían encantados. El Madrid ha elegido para el presente al portero del futuro próximo por delante del cancerbero del pasado reciente.

Mencionabas también en tu carta el tema de Tebas, la censura en la difusión de imágenes que sugieran que la Liga no es maravillosa y las limitaciones a las preguntas a pie de campo, que coartan la libertad de prensa. El otro día, tras el tratamiento informativo del caso Julen, repasé un libro de Ryszard Kapuscinski que leímos en la facultad y encontré este fragmento que explica muchas cosas de la situación actual: “Al frente de los más grandes grupos televisivos encontramos a gente que no tiene nada que ver con el periodismo, que sólo son grandes hombres de negocios (…) Antes, un joven periodista podía ir a su jefe y plantearle sus propios problemas profesionales. Y el jefe, que generalmente era mayor que él, le hablaba de su propia experiencia y le daba buenos consejos. Ahora, intentad ir a Mr. Turner, que en su vida ha ejercido el periodismo y que rara vez lee los periódicos o mira la televisión: no podrá daros ningún consejo, porque no tiene la más mínima idea de cómo se realiza nuestro trabajo. Su misión y su regla no son mejorar nuestra profesión, sino únicamente ganar más”.

Es papel del periodista defender su función. Pero eso necesita solidaridad entre compañeros para que cuando amenacen con el típico “hay 200 esperando en la puerta que sí lo harían” no haya nadie al rebote.

Con esta propuesta de presión adelantada en bloque me despido.

Un abrazo,

Juan Carlos.