El riesgo de una foto - Cartas de fútbol
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El riesgo de una foto

Hola Juancar. Hoy me pillas escuchando samba, me he puesto en bucle Mas que nada, en la versión original de Sergio Mendes. También algo de Bossanova, ahí me he decantado por Garota de Ipanema, un clásico para paliar la saudade que me invadirá durante las próximas tres semanas. Hasta que lleguen los siguientes Real Madrid – Barcelona. Fue la música del Clásico, comandado por dos brasileños sin ataduras, presentándose al mundo con el descaro que florece en la adolescencia. Fueron Vinicius y Malcom, dos tipos curtidos en sortear obstáculos.

Me avanzabas con razón de que el extremo madridista había cambiado el paso del Madrid, que había electrificado su ataque, que había llenado con su prominente dentadura la mordiente perdida. Y no te equivocabas. En su primer clásico como titular tiró del repertorio aprendido en las calles de su Sao Gonçalo natal para burlar a todos, para correr libre como un malandro detrás de la pelota. Hubo un momento mediada la primera parte que me lo imaginé como el niño que llega por primera vez a la plaza o la calle de su barrio, que no conoce a nadie y pide permiso para jugar con los chicos. Con la timidez propia del momento el chico agarra la pelota y todos descubren entonces a un malabarista. Te reconozco que sus malabarismos me resultaban también más eficaces lejos del área que a medida que se aproximaba a Ter Stegen. Como si los colmillos de su blanquísima sonrisa todavía fueran de leche.

En cualquier caso alteró el pulso de los madridistas, también de los culés. Aunque estos tuvieran sus ojos centrados en Malcom, otro producto de la cantera brasileña, criado en la favela Buraco Quente, al este de Sao Paulo, donde un balón te salva de tantas cosas. Me hablabas en tu anterior carta del momento idóneo para aparecer, para sacar la cabeza, para pedir el balón, ya sea en el fútbol o en la vida. Considero que eso también lleva aparejado un proceso de maduración. No todo el mundo está preparado cuando le llega la oportunidad. Y a veces, estándolo, te la niegan. Le pasó a Vinicius con Lopetegui y le está pasando a Malcom con Valverde. Aunque el delantero, arrebatado a última hora a la Roma, está demostrando en los ratitos que le dejan que está para envites mayores. Ya lo hizo ante el Inter en Champions y ayer frente al Madrid.

El partido de ambos podría resumirse en una frase de la película Ciudad de Dios:

“¿Arriesgarías la vida por una foto? ¡Olvídalo! Una foto hubiera podido cambiar mi vida, pero en la Ciudad de Dios si corres te agarran. Y si no corres también”. No lo olvidaron Vinicius y Malcom, que ya tienen la suya.

Aunque para mí, la imagen más destacada de este Clásico se produjo con el pitido final, cuando vimos a unos y otros charlando amistosamente, intercambiando confidencias y emplazándose para devolver la visita entre risas. Como bien sabes, hemos repasado estos días aquella Tormenta de Clásicos de 2011 que en realidad fue un tormento. Dos tipos como Solari y Valverde han ayudado también a no incendiar ninguna hoguera y el partido se desarrolló por unos cauces en los que cuesta recordar alguna jugada polémica. ¿De que van a hablar algunos hoy en sus programas? Algo rascarán, se han especializado en detectar arrugas.

Es que esta vez ni la censura impuesta por Tebas ha hecho acto de aparición en el Clásico. Sobre ella hablabas también en tu última carta, en la que mencionabas al gran Kapuściński. Recordé entonces la Gala de los Goya, donde también apareció la figura de Ryszard. Los directores Raúl de la Fuente y Damian Nenow se habían inspirado en el reportero polaco para recrear el viaje que este hizo a Angola en 1975, en lo que fue el último campo de batalla de la Guerra Fría. Cuatro años tardaron en sacar adelante un proyecto que es en realidad una película de animación. El pasado sábado se alzó con el Goya a mejor película de animación. Su título es Un día más con vida y ese ejercicio de supervivencia bien podría aplicarse al periodismo estos días. También a los contendientes del Clásico que han llegado vivos a la vuelta.

¿Tu crees que a Kapuscinski le gustarían Vinicius y Malcom?

Un fuerte abrazo,

Emmanuel.