Salarios infinitos - Cartas de fútbol
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Salarios infinitos

Hola, Emmanuel. Hoy quiero remontarme a la Eurocopa del 2000. Recordarás que España perdió el primer partido contra Noruega tras la cantada de Molina. Pues antes de que llegara el segundo encuentro (victoria ante Eslovenia), Lorenzo Sanz, al que todavía le quedaba un mes como presidente del Real Madrid, anunció la renovación de Raúl con su correspondiente aumento de sueldo: 1.000 millones de pesetas (un año después Los García nos explicaron que equivalía a 6 millones de euros, aquí vídeo para nostálgicos, desmemoriados o demasiado jóvenes). Esa cantidad convertía a Raúl en el jugador mejor pagado del mundo, por delante de los 990 millones que cobraba Batistuta en la Roma o los 960 que le pagaba la Juventus a Del Piero. Raúl fue el primer galáctico.

Estos días de parón de selecciones, los clubes se han reunido para seguir dando forma a una previsible nueva Champions, que se quedaría a medio camino entre la que hay y la Superliga Europea cerrada de la que ya opinamos tanto tú como yo en cartas anteriores. Al parecer, en 2024 veríamos una primera fase de 14 partidos y eliminatorias desde octavos como ahora, pero jugadas los fines de semana. El objetivo no es elevar el nivel de la competición, sino ampliar presupuestos gracias al incremento de ingresos televisivos. Es posible que el fútbol acabe con sus huesos en el asfalto de tanto inclinarse en las curvas para arañar millones.

Pero, ¿por qué crees que necesitan más dinero los clubes? A mí me parece que todo se reduce a los salarios de los futbolistas, uno de los pocos gremios que puede presumir de cobrar más que hace 20 años. Después de Raúl, fueron varios los jugadores que se instalaron en los 6 millones de euros, que fue el sueldo tipo durante una década para la aristocracia futbolística. El fichaje de Cristiano Ronaldo, en 2009, puso el listón en algo más de 9 millones. Ya quisiéramos tú y yo juntar a lo largo de nuestra vida la diferencia entre una cifra y otra, pero no me parece una subida descabellada con el crecimiento del negocio. Sin embargo, diez años después, vemos que el mejor pagado es Messi y ronda (o supera) los 40 millones netos al año. Cristiano y Neymar están en unos 30 y Griezmann en 23. En cambio, el presupuesto de los clubes no ha crecido proporcionalmente al sueldo de sus grandes estrellas.

¿No crees que habría que frenar esos sueldos de alguna manera? No ya por ética, pues prestar atención al fútbol de élite es vivir en una contradicción permanente con muchas de mis ideas y valores, sino por equilibrar un ecosistema que puede agotar sus recursos económicos y autodestruirse antes de lo que pensamos. Pienso en Santiago Bernabéu, que prohibía a sus jugadores comprarse un coche en la década de los 50 porque “el aficionado del Madrid es gente trabajadora, humilde, y no podemos ponerle los dientes largos”. No quería que sus jugadores portasen lujos, que perdieran su condición de trabajadores. ¿Te imaginas a Florentino o a Bartomeu prohibiendo a sus estrellas adquirir un jet privado?

Me preguntabas en tu carta anterior cuántas noticias se publican por investigación y cuántas por felación. Te contestaré que las fuentes son como los perros: sólo hacen caso a la comida. Sólo alimentando el ego de jugadores, entrenadores y directivos se puede obtener algo a cambio. El periodista va tan allá en esta tarea que a veces parece dar un comunicado de su fuente más que estar contando una noticia. Es un director de comunicación en prácticas.

Relacionado con esto, quería preguntarte si no crees que para analizar el fútbol es mejor no tener ningún contacto con el vestuario de un equipo. Diferencio información de análisis, y en este segundo apartado me ofrecen más credibilidad aquellos que carecen de roce con los protagonistas. Sólo con libertad se puede ser objetivo. Y quien está encadenado a una fuente gana prestigio periodístico pero pierde credibilidad analítica. ¿Qué opinas?