Ansiedad - Cartas de fútbol
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Ansiedad

Hola, Emmanuel. Ya que has instalado el confesionario, pasaré por él: yo he tenido ansiedad. No me atrevo a decir tuve porque nunca sabes si te has librado de ella. De hecho, a veces se manifiesta levemente para recordarme que quizás esta guerra sea eterna. Cuando alguien sufre un pico alto de ansiedad, el pensamiento más optimista lo imagina tirado en el suelo tras haber sufrido un infarto. La ansiedad se manifiesta con un cúmulo de síntomas físicos y cognitivos, de los que absolutamente nadie está a salvo. Tampoco un futbolista profesional.

Quiero hablar de este tema por las palabras de Bordalás el pasado fin de semana: “La ansiedad la tiene el que no llega a fin de mes. Un futbolista no puede tener ansiedad; si no, no puede ser profesional ni jugar”. Además de demostrar ignorancia, Bordalás manifiesta uno de los estigmas más extendidos sobre las personas que padecen ansiedad: son débiles. Hay gente que no entiende que la ansiedad es una enfermedad que uno no elige y que en muchas ocasiones aparece sin motivo aparente, aunque la vida te vaya muy bien. Como la depresión. Andrés Iniesta, tras su gol en Stamford Bridge y ganar el triplete con el Barça en 2009, se vio ahogado en una depresión a pesar de todo el éxito que tenía a su alrededor. Nadie está libre.

La frase de Bordalás también tiene que ver con la imagen de superhéroes con que se dibuja a los deportistas. Superhombres inmunes a cualquier debilidad, luchadores incansables ajenos a la rendición. Como si fueran los supervivientes de la teoría de la evolución. En nuestra sociedad, y especialmente en el deporte, tenemos un grave problema con la exposición de las emociones, sobre todo los hombres. ¿No crees que humanizaría a los deportistas no esconder sus problemas emocionales? ¿No crees que los aficionados sienten más empatía por Nadal al saber que pasó una mala racha por el divorcio de sus padres? ¿O por Jesús Navas, que sufría severas crisis de ansiedad que le obligaban a abandonar concentraciones del Sevilla y de la Selección? Quizás sea demasiado simplista, pero me gusta pensar que son personas normales con un talento superior para el deporte.

Yo también vi la entrevista al Papa en Salvados y las reacciones que generó: gente que lo encumbraba a los altares por una opinión que coincidía con la suya sobre un tema en concreto para unos minutos después decir que tiene que mejorar su visión en otras parcelas. A esto hemos llegado: a querer que los demás sean clones ideológicos de nosotros mismos. Entre las muchas cosas que dijo Francisco, me quedo con que cada tiempo hay que estudiarlo en relación a su propia hermenéutica. De nada sirve imponer la moral social de hoy para interpretar lo que ocurrió hace medio medio siglo.

El otro día leí algo que me recordó a esa idea. Puskas, en su biografía ‘Puskas sobre Puskas’, cuenta que en su primera temporada en el Madrid, Di Stéfano y él llegaron a la última jornada igualados con 21 goles como máximos goleadores. Ya en los minutos finales, el húngaro regateó al portero y pensó: “Si marco, Di Stéfano no me vuelve a hablar. Es mejor que quede él primero y yo segundo”. Así que esperó a La Saeta y le regaló el gol. En aquellos tiempos se limitaban a disfrutar del talento de Di Stéfano, no importaban tanto los gestos y no existía la corrección política. ¿Qué se diría con la sensibilidad actual de un jugador que provocaba ese miedo en sus compañeros?

He ido a comprobar la anécdota al último partido de la Liga 58/59 y no pasó eso. No veo ningún encuentro en el que pudiera ocurrir algo parecido. Quizás los recuerdos se atrofian o se exageran con el paso del tiempo. Por eso el periodismo debería actuar como guardián de la realidad. Y sin embargo tengo la sensación de que quien en el futuro estudie esta era basándose en recortes de prensa acabará su tarea sin saber la verdad y con doble personalidad.

Un abrazo,

Juan Carlos.