La cultura del engaño - Cartas de fútbol
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La cultura del engaño

Hola, Emmanuel. Ayer vi que Carlos Bilardo, el seleccionador argentino campeón del mundo en el 86 y que padece una enfermedad neurodegenerativa, fue visitado por siete de sus jugadores en aquel Mundial. Y eso me hizo recordar una anécdota que contó Bilardo hace unos años. En la década de los 60, vino a jugar con Estudiantes de La Plata varios partidos a Europa. Entre ellos, un torneo en Pontevedra contra el equipo de la ciudad. El partido quedó empate a cero y después del lanzamiento de cinco penaltis y mantenerse el empate, el campeón se iba a decidir con una moneda: a cara o cruz, literalmente. Entonces Bilardo llamó a su capitán, el ‘Cacho’ Malbernat: “Cacho, da igual lo que elijas y lo que salga, tú tírate a festejar y los demás te seguimos”. Y así lo hicieron, a la vez que se lanzaron al suelo para tapar la moneda. Nadie supo ciertamente qué lado de la moneda salió pero el equipo de Bilardo se llevó el trofeo.

Anécdotas como ésta nos divierten con el paso de los años, pero no dejan de ser otra rama de la mala educación de la que me hablabas en tu carta anterior: la cultura del engaño. El fútbol debería ser un reflejo de la sociedad, y ésta cada vez tolera peor la mentira. Actitudes como simular una agresión chirrían cada vez más en los estadios, donde hay más cámaras que en ‘El show de Truman’, y donde la autoridad tiene todas las pruebas a su disposición para castigar la farsa. Luis Suárez, un delantero al que su talento y mentalidad le bastarían para ser admirado por todo el mundo, pierde puntos de popularidad por intentar engañar al árbitro. Lo volvió a hacer en Old Trafford, al fingir que Smalling le había golpeado en la cabeza cuando en realidad le había puesto la mano en el hombro. El uruguayo parece un jugador de otro tiempo, de cuando la mano de Dios era posible. A pesar de su amistad con Messi, no se le pega nada del argentino, quien a veces continúa en pie tras una falta indiscutible. Messi es verdad: si se queda en el suelo, el árbitro sabe que no se equivocará pitando falta.

Me preguntabas en tu carta anterior si Messi ha superado ya a Di Stéfano. No me gusta comparar épocas que nada se parecen. Hace unos meses vi la final de la quinta Copa de Europa, el mítico 7-3 contra el Eintracht de Frankfurt en 1960, y te aseguro que era un juego totalmente distinto a lo que vemos hoy. Quizás más divertido, porque las ocasiones se sucedían sin descanso. Era un showtime en el que la defensa no era protagonista. Algo cambió a partir de entonces: Helenio Herrera fichó ese verano por el Inter e implementó el catenaccio, que le dio dos Copas de Europa.

En cualquier caso, Di Stéfano inventó la leyenda del Madrid y se ganó la eternidad gracias a ello. Messi es el mejor jugador que yo he visto y creo que en un enfrentamiento directo ganaría a cualquiera de los grandes de siempre.

Te voy a preguntar yo por otro duelo más cercano en el tiempo (incluso jugaron juntos): ¿Ha superado Piqué a Puyol? Puyol era muy bueno y su garra agrandaba su calidad, mientras que Piqué, además de hacerlo todo bien, parece que le resulta fácil. Mi impresión es que Gerard ya es más que el maestro, aunque quizás es que olvido demasiado rápido.

Para terminar quería hablarte de El Director’, el libro de David Jiménez, en el que desvela secretos e intrigas de la prensa española. Te lo dejaré la próxima vez que nos veamos, pero aquí va un adelanto. La prensa se creyó lo de ser el cuarto poder y se olvidó de vigilar al resto, incluido el más poderoso e invisible: el económico. El exdirector de El Mundo cuenta que en una comida con ejecutivos de su empresa y Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, a pesar de las buenas relaciones que mantenía con los ejecutivos de Unidad Editorial, aseguraba con buenos modos que no devolvería las promociones a Marca hasta que el entonces director del diario deportivo, Óscar Campillo, abandonara la dirección: “¿Cómo se te ocurre poner a uno del Barça a dirigir el Marca?”, dijo Florentino. Unos meses después, Campillo fue despedido y Marca volvió a contar con las promociones del Real Madrid. A veces, los propietarios no aparecen en las escrituras.

Sé que me he alargado, pero también sé que tendrás más tiempo para leer en tu descanso de media Semana Santa.

Un abrazo,

Juan Carlos.