Esperpento y tragedia - Cartas de fútbol
506
post-template-default,single,single-post,postid-506,single-format-standard,do-etfw,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,qode_header_in_grid

Esperpento y tragedia

Hola Juancar. En estos días me he acordado mucho de Max Estrella, el protagonista de Luces de Bohemia, ese hiperbólico andaluz, poeta de odas y escritor venido a menos que gozó en algún momento de cierto reconocimiento. En la obra teatral escrita por Valle Inclán nos muestra su peregrinaje por un Madrid oscuro, turbio, marginal y sórdido. Junto a él aparece Don Latino de Hispalis, compañero de aventuras, Sancho Panza particular de esta historia. Una historia que inauguró el género del esperpento en 1920 y que casi un siglo después sigue más vivo que nunca. Solo hay que ver el homenaje que Sergio Ramos le ha tributado esta semana.

Porque esperpéntica como poco fue esa rueda de prensa, en la que el andaluz se negó a si mismo, negó a su presidente, posteriormente le invitó a su boda, acusó a otros de montar un quilombo para terminar reconociendo que sí, que había una oferta de China, que le habían tentado, pero que él, que jugaría gratis en el Real Madrid, solo quería retirarse en ese club. Lo siguiente que hice fue repasar la lista de capitanes del Real Madrid desde que tengo uso de razón. Me salen estos: Sanchís, Hierro, Raúl y Casillas; antes de que el brazalete recayera en Ramos. Ser capitán ya no es lo que era, o quizás Sergio se ha terminado contagiando de la grotesca temporada blanca y ha querido aportar su propio epílogo a la obra. ¿Con qué cara miras a tus compañeros en el vestuario a partir de ahora? ¿Cómo exiges compromiso, ambición y esfuerzo después de este ejemplo?

No están mucho mejor en la otra orilla. La Liga parece un recuerdo demasiado lejano en Barcelona y los dos últimos suspensos han acabado por arruinar un curso que se encaminaba hacia el notable. Anfield y Valencia desataron el estado de alarma. Por momentos nada valía, desde Valverde a Dembelé, pasando por Arthur, Coutinho, Malcom, Rakitic o Busquets. Vivimos en la época de las revoluciones y a cualquier tormenta le damos categoría de huracán. Supongo que es la consecuencia inmediata de la hipercomunicación, donde el ruido se intensifica y la verdad se diluye.

Al final, en el fútbol ocurre como en El Gatopardo, la genial obra de Tomassi di Lampedusa: “si queremos que todo siga como está, es necesario que cambie todo”. Más que el juego de posición, en Can Barça llevan tiempo practicando el gatopardismo.

Las últimas líneas de esta carta se tornan trágicas, después de que el pasado sábado conociéramos la fatal muerte de José Antonio Reyes. El utrerano fue el primer español en ganar una Premier League y eso que nunca conectó con Londres. Jugó aquella final de París y tenía tanto vicio por la pelota que no dudó en jugar en Córdoba o en Almendralejo, apurando así sus últimos quiebros y carreras por la banda izquierda, en un fútbol menos glamuroso pero con la misma esencia. Reyes era el reflejo de aquella frase de Nietzsche: “La madurez del hombre consiste en recuperar la seriedad con la que jugaba cuando era niño”. Y qué jodido es enterrar a un niño. Tenga la edad que tenga.

Un fuerte abrazo.

Emmanuel.