Nuevos destinos - Cartas de fútbol
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Nuevos destinos

Hola, Emmanuel. La semana pasada empecé un nuevo trabajo que, por primera vez, no tiene nada que ver con el periodismo ni lo audiovisual. Es una organización con cientos de miles de empleados y me he dado cuenta de que Scott Fitzgerald tenía razón en ‘El gran Gatsby’: hay más intimidad en las grandes fiestas. Es paradójico, pero cuanto mayor es la empresa o la ciudad, más fácil es pasar desapercibido; tú conoces tan bien como yo el ambiente de los pueblos y la dificultad para guardar un secreto allí. La excepción a esta regla se encuentra en los grandes equipos de fútbol, especialmente el Madrid y el Barça, el epicentro de nuestra correspondencia. Su funcionamiento es más parecido al de pequeños núcleos de población donde todo se sabe: hay focos hasta para el que menos juega, para bien y para mal.

Me preguntabas cómo es posible que el Madrid haya vendido a Llorente al Atlético. Supongo que el sobrino nieto del presidente de honor del club ha tenido un trato preferente a la hora de elegir destino una vez que la puerta estaba abierta. Y creo que ha escogido bien: a veces hay que apostar por lo que nos conviene más que por lo que queremos. El caso de Llorente demuestra que cumplir el sueño de jugar en el equipo del que eres hincha no siempre acaba bien. En este caso, el futbolista ha actuado correctamente mirando por sus intereses y desprendiéndose del vínculo emocional de su club de siempre, así como el aficionado también debería preferir los mejores profesionales en lugar de los más antiguos militantes con capacidad para jugar al fútbol. Prefiero que sientan la camiseta desde que están en nómina a que pretendan que se les reconozcan los servicios prestados desde la grada o el sofá. ¿Coincides conmigo o crees que me he vuelto demasiado pragmático? O quizás es una rebelión contra la idea futbolera que liga el romanticismo a los años: ¿desde cuándo importa la duración en el amor?

En el traspaso de Llorente, entiendo que el Madrid aprovecha la situación y ejecuta un movimiento que le allane el camino en el futuro en caso de interesarse por un jugador rojiblanco. Nunca he entendido ese pacto de no agresión del Madrid con su vecino, sobre todo con sus estrellas. Hace unos años me enteré de que para que Hugo Sánchez acabara como madridista, el Atleti lo vendió primero a un club mexicano, el Universidad de México, que tres días después acordó el fichaje con el Madrid por 50 millones de pesetas más. Todos sabían cómo acabaría la historia, pero nadie se quitó la máscara. ¿Qué te parecen los vetos y los pactos de no agresión entre clubes?

Sobre qué jugador no querría ver ni en pintura en mi equipo, me decanto por Neymar. Tampoco me gustaría Pogba, pero no por razones extrafutbolísticas, como el brasileño, sino porque me parece que hay pocos jugadores más sobrevalorados que el francés: todavía sigo buscando explicación a los 120 millones que pagó el United por él. Si el Madrid lo acaba fichando, sólo quedará el consuelo de pensar que algo de fútbol sabrá Zidane.

Te reconozco que pensaba que para estas horas Griezmann ya sería jugador culé. Empiezo a dudar de su destino después de los fuertes rumores sobre la vuelta de Neymar al Barça. ¿Ves viable un ataque formado por ambos junto a Messi y Suárez? A mí me cuesta creerlo, pero tampoco me imaginaba siendo funcionario, y aquí me ves.

Un abrazo,

Juan Carlos.