El puzzle | Cartas de fútbol | Emmanuel Ramiro
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El puzzle

Buenas, Juancar. Los puzzles siempre se terminan en verano. Es la época del año donde el mundo del fútbol se pone patas arriba y las piezas son desparramadas por un tablero en el que agentes, representantes, directores deportivos y presidentes de clubes, intentan ordenar. Por más difícil que parezca las piezas, convertidas en futbolistas, terminan encajando tarde o temprano. Hay puzzles como el de Griezmann que tardan varios veranos en resolverse. Otro compatriota suyo, Mbappé, será el próximo puzzle caro. De edición para coleccionista.

Ahora que Griezmann ha arribado por fin a la Ciudad Condal me he acordado de esa canción de Andrés Calamaro llamada Las Rimas. “Poca pelusa para demasiados ombligos”, dice el genial cantante argentino y cada vez que la escucho me imagino el vestuario azulgrana. Si en ese vestidor entra de nuevo Neymar, junto al Camp Nou habría que poner una fábrica de pelusa, o de balones, para jugar con más de uno.

Me preguntabas en tu última carta sobre el vínculo emocional que nos une a los jugadores de nuestros equipos. Griezmann parece ser tan pragmático como tú, un profesional implicado (pese a todo lo dicho y escrito) con sus equipos hasta el último día. Y entiendo que con el Barça será igual en ese anhelo por levantar una Champions. Pero lo cierto es que no me lo imagino cumpliendo sus cinco años de contrato o convirtiéndose en capitán. Te reconozco que yo sí doy un valor extra a los canteranos, en esa visión romántica que conecta a la grada con el terreno de juego. Porque en este fútbol mercantil y dominado por el marketing, quizá sean ellos los únicos que no mienten al besarse el escudo.

Al hilo de esos besos no me resisto a preguntarte al respecto: ¿Qué piensas cuando ves a un jugador besándose el escudo en la presentación? Yo lo comparo a besar a una chica la primera noche: la atracción existe, pero el amor (todavía) no.

Hablabas también sobre los pactos de no agresión. Otra pantomima del fútbol moderno, sí, ese que arranca, como bien dices, cuando nosotros éramos unos renacuajos, a mediados de los 90. Porque fichar a un jugador de tu eterno rival lo veo como una victoria de 6 puntos. Pienso, por ejemplo, en James Rodríguez y en su posible llegada al Metropolitano, ¿crees que el Madrid permitiría otra fuga al vecino? ¿Teme Florentino, por encima de todo, que uno de sus últimos galácticos termine triunfando en el rival ciudadano?

Vuelvo a la tumbona y al chiringuito de playa con el temor de que con Neymar pase como con esos regalos de reyes que ya tenías. Y su comprador termine devolviéndolo a Can Barça.

Hasta el próximo sobresalto.

Un fuerte abrazo,

Emmanuel.