Mi abuelo y diez más - Cartas de fútbol
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Mi abuelo y diez más

Hola, Emmanuel. Hace poco leí ‘Mi abuela y diez más’, el libro de Ander Izagirre sobre el equipo con el escudo más bonito del fútbol español: la Real Sociedad. Por cierto, ¿cuál es el escudo que más te gusta a ti? En el libro, para mí uno de los mejores de la colección Hooligans ilustrados de la editorial Libros del KO, Izagirre recupera momentos tan peculiares como la idea que tuvo su tío abuelo Patxi Alcorta allá en los años 60 para que los marineros supieran cómo iba el partido en Atotxa: el lanzamiento de un cohete significaba gol del rival; dos cohetes, gol de la Real. Es cierto que se tarda menos en tirar dos cohetes seguidos que en muchas decisiones del VAR, pero en San Sebastián ya estaban acostumbrados a celebrar tras la incertidumbre.

Lo mismo ocurre estos días con muchos aficionados de Madrid y Barça al ver que Neymar, finalmente y después de tres meses de rumores e informaciones, se quedó en el PSG. Creo que la gran mayoría de hinchas de ambos equipos firmaban las tablas, como un ‘biscotto’ en el que el empate les valía a los dos: si no iba a ninguno de los dos equipos, ganaban ambos.

Me preguntabas sobre la ausencia de fichajes en el centro del campo del Real Madrid. Y sí, debo darte la razón: da la impresión de que se ha dejado sin barrer la habitación principal. No sólo eso, se han deshecho de las sillas de los invitados (Ceballos y Llorente) y hay un vacío que se volverá gigantesco en cuanto Casemiro coja un resfriado. El Madrid campeón se hizo fuerte con la BBC primero y después dominando el centro del campo. Ya no queda nada de aquello. Contra el Villarreal jugó el peor partido de los tres que llevamos de Liga y no fue casualidad: sólo estaban Kroos y Casemiro en el medio.

El problema, más allá de que haya faltado el fichaje de un centrocampista, es que Zidane habló de cambios y la afición entendió revolución. Y es muy difícil para equipos como Madrid y Barça cambiar a cinco titulares de golpe hoy en día. Los clubes se ataron de pies y manos con cada renovación al alza y a ver quién se va cobrando menos. ¡Hasta Mariano dicen que cobra 5 millones netos! Ante eso, sólo queda elegir entre un final ruinoso: malvenderlos y pagarles parte de la ficha de los años que les restaban de contrato; o apostar contra el destino: en el fútbol, a veces, se resucita antes del tercer día.

Sobre lo que comentabas en tu carta anterior de Ansu Fati y Carles Pérez, habrá que darles tiempo para ver si se acercan más a Messi o a Bojan, sin que parecerse al hispano-serbio se pueda considerar fracaso. Nunca diré algo así de alguien que se gana (y muy bien) la vida jugando al fútbol. Ya quisiéramos muchos. ¿No te parece que se usa muy a la ligera el término “fracaso” en el deporte?

Ahora que estamos en parón de selecciones, me acuerdo de una anécdota del año pasado con mi abuelo. Ya sabes que aquí en España tenemos como rival deportivo a los franceses y queremos que pierdan siempre. La última vez, en la final del Mundial de Rusia, donde creo que toda España iba con Croacia. Todos, menos mi abuelo, quien estuvo yendo 16 años a Francia, desde septiembre hasta marzo de manera ininterrumpida, para trabajar cargando sacos de 100 kilos de azúcar en una fábrica a 90 kilómetros de París. Siempre ha estado agradecido al país galo, tanto por el trato que le dieron como, sobre todo, por el dinero que pudo ganar allí en una época de escasez en España. “¿Cómo no voy a querer que gane Francia si gracias a ellos pude comprar esta casa?”. Visto así, no estuvo tan mal que Francia ganara el Mundial. Y yo, como Ander Izagirre, siempre diré: “Mi abuelo y diez más”.

Un abrazo,
Juan Carlos.