Sobrenombres - Cartas de fútbol
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Sobrenombres

Hola, Emmanuel. Perdona que insista, pero vuelvo a hablarte de las matemáticas en el fútbol. Escuché muchas veces este verano a periodistas y aficionados indignarse por la negativa de Zidane a aceptar el fichaje de centrocampistas como Eriksen o Van de Beek, como si lo importante fuera el número de componentes y no el perfil de los jugadores. Zidane quería a Pogba y quién sabe si no lo tenía en casa: blanco y uruguayo, pero con los mismos pulmones y tentáculos.

Veía el partido del Madrid contra el Granada con la sensación de que en un futuro nos remitiremos a él para recordar en qué momento cambió el destino de un jugador que hasta ahora derrochaba tanta capacidad física como timidez. Con Valverde, Zidane puede desarrollar el plan que tenía para Pogba: robar tan arriba que no haga falta cocinar la jugada, basta con calentarla en el microondas.

Tras su gran actuación, me pregunté sobre su apodo (ese submundo latinoamericano donde no puedes dedicarte profesionalmente al fútbol si no tienes uno), ‘el Pajarito’, y encontré que se lo puso su descubridor porque era “chiquito y andaba volando”, a pesar de la protesta de los padres, a los que no les gustaba el mote, como si uno pudiese decidir sobre su propio sobrenombre. Gabriel, que así se llama este zahorí de futbolistas, se fijó en Valverde cuando este tenía dos años y medio, y lo apuntó a la liga de baby fútbol: quizás el secreto de que un país de tres millones de habitantes sea puntero en este deporte sea poner a bebés con pañales a dar patadas a un balón, ¿no te parece? Cuentan que el mismo Valverde se quitó el pañal para celebrar su primer gol. Ya era práctico por aquel entonces y vio que era más rápido quitarse el pañal que la camiseta.

El mote del otro Valverde, el que entrena al Barça, fue ocurrencia de Javier Clemente, cuando era su entrenador en el Espanyol. ‘Txingurri’ significa hormiga en euskera, pero no viene de ahí el apodo, sino que era el nombre de un barco pequeño para pescar que tenía Clemente y, al parecer, el técnico vasco veía similitudes entre ambos: “Era menudito, delgadito, rápido y muy alegre jugando”. Por esto último te quiero preguntar: ¿pierden los jugadores la alegría inconsciente cuando les dan el carné de entrenador? Últimamente el Barça parece menos elaborado y más centrado en reproducir la vieja práctica madridista que aseguraba las victorias gracias a Casillas y Ronaldo. Hoy en el Camp Nou son Ter Stegen y la dupla Suárez-Messi.

Me hablabas de la sobreabundancia de documentales de futbolistas. A mí sólo me sale lamentar que HBO, Netflix y Amazon existan en los tiempos de Sergio Ramos y no en los de Puskas (al que Di Stéfano bautizó como Pancho con la teoría de que Ferenc se parecía a Francisco; y como ya había un Paco -Gento-, Puskas se quedó con Pancho). Terminé hace algunas semanas la más que recomendable novela ‘Puskas’, de Daniel Entrialgo, en la que el lector viaja subido a la carrera de Puskas mientras atraviesa las delicadas curvas del siglo XX. ¡Qué vida, Emmanuel! En una tierra cercada primero por la ultraderecha y después por el comunismo, el húngaro fue leyenda, repudiado, exiliado, ¿traidor?, resucitado en España, homenajeado 25 años después en su país… Pero lo mejor de todo es que en una de sus últimas entrevistas dijo “más aún que la vida me gustó el fútbol”. Fíjate si será grande este deporte. No sé si será muy bueno pensar mucho en fútbol, pero sí que es buena señal: significa que no tenemos problemas mayores.

A falta de documental sobre su día a día, voy a seguir viendo goles de Pancho Puskas en Youtube. El sobrenombre tenía que ser corriente para no eclipsar su superdotada pierna izquierda, la mejor de la historia del fútbol. ¿Estás de acuerdo?

Un abrazo,
Juan Carlos.