Colores e ideas - Cartas de fútbol
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Colores e ideas

Hola, Emmanuel. Si, como dijo Valdano, el fútbol es la recuperación semanal de la infancia, donde predominan los juegos por encima de todas las cosas, ¿por qué se empeñan los clubes en salirse de lo deportivo? Probablemente tenga que ver con que son sociedades regidas por adultos poderosos (ya dijo Ramón Mendoza en 1994 que “ser presidente del Madrid es más importante que ser ministro”) y contagian sus opiniones personales a las del club, como si los escudos hablaran.

Desconozco si alguien del Barça piensa cambiar de equipo por tener una posición contraria a la de la directiva en el conflicto del ‘procés’, pero me costaría entender que un aficionado se replanteara una decisión que tomó basándose en criterios que poco tienen que ver con la política cuando era pequeño, cuando la política era aquello fastidioso que te impedía poder continuar viendo ‘El día después’ porque tus padres querían ver las noticias. Como siempre, los mayores defensores de la dignidad ajena están en la acera de enfrente: seguidores de otros equipos les preguntan con cierta superioridad a los del Barça si piensan mantenerse fieles a ese club, ignorando que en el fútbol la fidelidad tiene que ver con los colores y no con las ideas.

De este parón de selecciones, que le ha servido a España para clasificarse matemáticamente para la road trip que será la próxima Eurocopa, me sorprendió ver en primera fila del banquillo español un ordenador portátil. Un ayudante de Robert Moreno y, a ratos, el propio seleccionador, se perdían minutos del juego mirando la pantalla. Al parecer, ahí tenían la señal del partido y también recibían las impresiones de otros miembros del staff técnico situados en la tribuna de prensa y con una visión a más altura. Igual empiezo a quedar como un abuelo cebolleta, pero esto de ver el fútbol por la tele estando sentado en el banquillo me parece que es querer verlo todo y no acabar viendo nada. El aficionado, en casa, deseando poder vivirlo en el campo, y el entrenador echando de menos la panorámica que te da el sofá.

Quizás todo se reduzca a querer lo que no tenemos. A eso me sonaron las declaraciones de Roberto Carlos a las que hacías referencia en tu última carta, y me recordó a otro compañero del brasileño, Guti, cuando en un Informe Robinson de hace ya varios años reconocía que (amaba y) odiaba a Pereza porque sentía envidia por ellos: “A mí me gustaría ser cantante de rock”. Una estrella del Madrid, que es lo máximo que se puede llegar a ser en la vida para millones de personas, queriendo ser famoso por otra cosa. Supongo que todos nos comparamos con los que tenemos al lado: unos envidiamos el último viaje, el buen horario de trabajo o el sueldo de un amigo; y los futbolistas profesionales, el avión privado del compañero. Y encima ellos se lo pueden comprar.

Un abrazo,
Juan Carlos.